Cuidado.
Me lo dijo el cuerpo. El cuerpo que muy pocas veces se equivoca. Y nunca miente.
El cuerpo me puso un cartel de advertencia y me dijo que eras vos.
Por eso puse todas mis herramientas a funcionar.
Sabia que esta vez no podía pifiar. Ni sonreír tan temprano.
Que la cautela tenia que ser mi amiga. Si no quería volver a perder.
Mamá también me dijo. O directamente, le confío haberte encontrado en el camino.
A pesar de que me dijeron y que además tome el acto de conocer, esta vez, de forma quirúrgica.
Como si jugara a ese juego donde tenes que operar sin que suene la alarma.
La alarma sonó. Hizo ruido. Avisando que otra vez, perdimos.
Me pido disculpas por la derrota. Y a vos, por mostrarte la parte descosida tan rápido.
Y llorar cual niño al que le roban su juguete preferido.
Ya no se si sos vos. Pero ojala que sea rock.
Ojala, comprendas la magia de tus abrazos. Y de todo lo que se puede aprender.
De esos ojos color café que brillan tanto como la Luna.
Me dijeron.
Y yo digo todo esto en silencio. Para que no manche.
Y lo guardo, al lado de los sentires. O donde sea.
También, en silencio. Para que no le duela a nadie.
Mientras el block de notas sigue suspirando: ¡Con cuidado!
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