Nunca pensé que fueras a fijarte en mi. En una charla sin fin con el fueguito como amigo, empezamos a hablar y me escuchaste. Arrancamos a hablar seguido, prácticamente todos los días. Me acuerdo que me contabas de tus cosas, y yo de las mías. De las ausencias y de lo que estaba por venir. Me escuchabas, y me leías. Un montón. Acompañabas los años sensibles y las horas en constante aprendizaje en el laburo. Te enojaba que se hiciera la hora, en la que tenias que dejar de hablar. Por tu historia. No menos importante que la mía, pero que vos pusiste bajo llave y te comiste la contraseña del candado. Aunque me dejaste un espacio para entrar. Me dejaste ver, que vos también habías tenido tus años malos, que a vos también te había tocado correr la coneja en mas de una oportunidad. Claro, que también recuerdo ese día que me agarraste con la herida abierta, te la mostré de cerca y pude ver que me miraste como a un nene desorientado, buscando perdido a su mama entre una multit...