Festejar.
No hay regalos que comprar. Ni mensajes que mandar. Tampoco vos miras más los estados de WhatsApp. Ni apareces en el grupo. Pero aún así festejamos. Cada vez que juega Boca, festejamos. Cada vez que usamos tus herramientas, festejamos. Cada vez que arreglamos algo en casa, con lo que aprendimos mirándote, festejamos. Cada vez que nos acordamos de vos en el sillón sentado, diciendo ‘eto no e coca papi’, festejamos. Cada vez que prendemos la parrilla y destapamos un vino, festejamos. Cada vez que me acuerdo que me di vuelta, y hacías palmas feliz cantando una cumbia de la Delio Valdez conmigo, festejo. Cada vez que me acuerdo que fuiste una vida con la humildad en el corazón, festejo. Si de esta forma la alegría le canta vale al dolor, seguiremos: festejando tu ausencia.