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Incertidumbre.

¿Dónde estabas vos hace 2 años? No se si logras recordar. Pero yo si. Me acuerdo de todo. De dónde y de cómo estaba. De todo lo que había pasado hasta acá. A Diciembre. Y si hay algo que me acuerdo con claridad es ese “no sé qué” , que hasta entonces no habíamos sido capaces de ponerle nombre. El barco se nos empezaba a hundir y las dudas eran moneda corriente. Dos años después, me van a tener que disculpar, pero los sentires son los mismos. Solo hay una diferencia. A eso que no supimos cómo llamar en su momento, hoy podemos ponerle la bandera de la incertidumbre. Ese miedo a que el paso en falso nos deje otra vez sin nada. En la lona. Diciembre trajo, todo eso de nuevo acá. Y yo todavía lo veo a Papá, queriendo ganar una final eterna. Como la que quizás, nos enfrentemos el domingo. Porque tampoco sabemos lo que va a pasar. Como yo nunca lo supe hace 365 días multiplicados por dos. Y yo sé, yo sé que una cosa no es igual a la otra. Que no tienen nada que ver ambos sucesos. Pero en el c...

Fractura

Hace unos meses. Hace unos días. Hace unas horas. Hace unos años. Hace una vida. Uno de mis huesos dijo basta. Advirtió un fisura, casi de punta a punta. Se canso de sentirte cascoqueteado por un sin fin de golpesitos que lo hicieron romperse. Se canso de sentir la exigencia de la ansiedad infinita, por darle cause a la adrenalina. Se canso de no tener descanso. Y dijo basta. Hace poco. Hace unos días. Hace unas horas. Hace un ratito de vida. Pensé. Eso es lo que también le pasa al corazón. Que a veces tampoco quiere seguir. Que siempre esta por fisurarse. Pero va, así fisura igual. Y sigue. Sin descanso. Sin terapias. Esperando. Más allá del amor propio. Supongo. A alguien que ayude, a colocar el yeso. Y a sanar. 

Cuidar.

Mi viejo un tipo bastante común. Un tipo que no hablaba demasiado. Más bien un tipo que hacia en silencio. O de ese hacer silbando bajito. Mi viejo que al parecer era un tipo del que tenias que aprender mirándolo. Y mirarlo minuciosamente para que no se te pasara el tren. Mi viejo el de la ausencia que no es es tan ausencia, si todavía permanece ese gesto tan simple. Mi viejo cortando el pasto y dejando el patio brillando. Mi viejo con su herramientas todas ordenadas. Mi viejo con el motor de su auto impecable. Mi viejo guardando un tornillo ínfimo, que para algo iba a servir.  Nosotros llevando la bolsita a alguna caminata para guardar la basura del camino. Nosotros con el cuartito de materiales ordenado. Nosotros preguntando: ¿Cómo estas?. Nosotros escuchando alguna historia. Nosotros con una palmadita en la espalda. Nosotros con algún abrazo, que intente curar.  Mi viejo, ahora, historia. Que no se va a morir. Si no se muere el CUIDAR. 

Agostos.

El día que me entregaron el diploma por haberme recibido, también me dieron un libro. Un libro que si lo abrís en la primera página implora: "Cuida a los pibxs Ricki. Así sin más como una suerte de deseo que de por cierto, nunca deja de ser colectivo. Un deseo que reza vernos latiendo en el camino, que reza vernos jugados, logrados, con la convicción de la mano, con la pasión por las nubes, con el cansancio lleno de afecto y de un montón de cosas más.  Un deseo que si lo pienso también reza verme decirle gracias a quien corresponda. Al que le quepa el poncho. O a esos que tienen nombre y apellido. A los que están cerquita. O a los que ya están lejos. O a los que ya no están. Pero están (usted sabrá entender, si esta leyendo esto). Agradecerle a este Agosto, que muchas veces es escollo, de invierno. Agradecerle por traer en la mochila, tantas oportunidades y dejarnos listos para recibir la primavera. Y a vos querido libro, agradecerte, pero también pedirte perdón. Por no creer en t...

Tiempo.

Quiero que sepas que no se cuanto paso. Que perdí la noción entre Abriles y Diciembres , que no fueron en vano estos 365x7. Quiero que sepas que a veces ir rápido, es una forma de que pase y que si pedaleo más fuerte, es por que quiero llegar. Pero no siempre a vos. A veces a otros, que también brillan. Por acá abajo o allá arriba. Que elijo ganarlo escuchando en loop las canciones que me hacen bien. O tomando los bondis que haya que tomar. Pateando la calle, la arena, la montaña. O lo que haya que patear. Que si lo pierdo laburando, la razón es única. Y bandera. Por suerte y privilegio. Quiero que sepas que si lo transformo en paciencia, es por que me enseñaron esas caras en terapia. Que a veces sobra. Pero la mayoría, falta. Y va a faltar. Porque la vida nos gano de mano y nos robo un poquito. O un montón. De segundos, de meses, de años. Quiero que sepas, que el tic-tac no para, y que quizás nunca lo haga. O si, quizás lo haga y alguien, en algún lado. En algún mundo. Ya no este mas....

Recital.

Siempre fueron refugio, desde el ´07 con Los Piojos de fondo, hasta acá.  Compartidos siempre. La mayoría con el hermano que me dio la vida. Pero también, con amigos, con la familia, con Papá o con Mamá.  De folcklore. Murga. Cumbia. O un rock por ahí.  De los de miles de almas saltando al mismo tiempo, o los de 20. En un 2 x 2. Con las entradas a 35 pe´. Esas que caminábamos y sacábamos en el Locuras de la peatonal, hasta los del QR. Que después terminan guardadas en la misma caja.  Gap, el Poli o Abbey en Mardel.  Vorterix, Malvinas, Auditorio Sur, el Luna en Capital.  O esos en un campo gigante.  Los de la lluvia por caer. Los de las lagrimas y los del corazón en la mano. Los de la alegría inmensa y el carnaval. También los de extrañar.  Todos con ese algo. Especiales. Desde el primer acorde hasta el ultimo.  Muchísimos de todos esos.  Pero ninguno había traído, hasta ese momento. Un abrazo, sin más.  Que junte partes. Y apacigüe...

Festejar.

No hay regalos que comprar. Ni mensajes que mandar.  Tampoco vos miras más los estados de WhatsApp. Ni apareces en el grupo.  Pero aún así festejamos. Cada vez que juega Boca, festejamos. Cada vez que usamos tus herramientas, festejamos. Cada vez que arreglamos algo en casa, con lo que aprendimos mirándote, festejamos.  Cada vez que nos acordamos de vos en el sillón sentado, diciendo ‘eto no e coca papi’, festejamos.  Cada vez que prendemos la parrilla y destapamos un vino, festejamos.  Cada vez que me acuerdo que me di vuelta, y hacías palmas feliz cantando una cumbia de la Delio Valdez conmigo, festejo. Cada vez que me acuerdo que fuiste una vida con la humildad en el corazón, festejo. Si de esta forma la alegría le canta vale al dolor, seguiremos: festejando tu ausencia. 

Pillos.

Mientras tengo puesto los auriculares y la música al palo (como siempre) suena una frase que dice: "Esas personas que me infunden, admiración y lucidez..." revivo una y otra vez la secuencia de ayer.  El pibito entró, cruzó el pasillo , se saco la capucha , tiro una sonrisa picara y preparo el puño para chocarlo y decir "Buen día" , a pesar de que el frio afuera, cortaba la cara. Automáticamente supe, que mi día no iba a ser igual a todos los demás.  No se que fue. Pero conectamos piola. Como si nos buscáramos mutuamente. Yo lo nombre un par de veces y él, me regalo unos cuantos "Profe" , para avisarme que estaba ahí. Que a veces, las cosas se dan por que tienen que ser. Y esta, como tantas otras, no era la excepción.  Me entere después , por otras fuentes. Por otras voces. Que los que lo tenían que ver crecer, habían elegido otro camino. Que esos, los de él. Están pero no están. Igual que los míos, pero al revés. Que no están, pero están.   Caí en la cuen...

Censo.

Conté 60 días. Conté la cantidad de mates que me cebe. Conté las veces que me dijeron: “Todo va a estar bien”. Conté la cantidad de recitales a los que fui. Conté las canciones que me hicieron alborotar la existencia.   Conté las veces que no di más. Pero también las que nos levantamos.   Conté las todas las veces frustradas. Conté un par de billetes. Y las monedas. Porque no sabía si llegábamos.   Conté los “profe , te quiero”. Que los pibes tiran por ahí, con suerte y privilegio.   Conté las cuadras para llegar. Conté las fotos que tenemos con Mamá y Papá en esa caja vieja.   Conté todos los domingos, almorzando en la casa de los abuelos.   Conté los minutos de una vida entre otras vidas, alrededor del fuego.   Conté, todo.   Por qué uno, siempre cuenta. Conté, ayer, antes de ayer y hoy.   Lo que ojalá no cuente, son los días los soles y las lunas que están por venir. A esos, me parece, vamos a dejarlos que sucedan.

¡Dale, guacho !

Literal, guacho.  Que anda por ahí.  Sin los que fecundaron.  Asique dale, guacho. Dale guacho, que ahora si. Dale guacho, que tenemos que llegar a finde mes. Dale guacho, que se te viene la noche.  Dale guacho, que le salimo´ jugando a la vida. Dale guacho que otra vez, paso. Dale guacho, que todo pasa. Si, guacho. Todo pasa.  Dale guacho, que hoy juega Boca. En el barrio de la Ribera.  Dale guacho, que bailamo´una cumbita.  Dale guacho, una cancioncita más. Hasta el piso, guacho. Dale guacho, que viene el bondi.  Dale guacho, vamos pateando que hay tiempo. Dale guacho, vamos a jugar.  Dale guacho, que ya llegas. Dale. Dale guacho, que somos. Dale guacho, que estamos vivos.  Dale guacho, un poquito más.  Dale guacho, falta poco.  Para la primavera. 

Enganche.

Me hubiera gustado… clavarme las piedras de la calle de tierra del barrio, mientras le pegaba a la pelota sin parar. Y no en el pastito recién cortado, detrás del paredón.  tener que garronear un lápiz y no ir con la cartuchera llena de Faber Castell. seguir con el billete de dos mangos que hoy ya no existe, en la billetera. Y andar como si nada.  ponerme la misma pilcha de siempre. Sin importar la combinación de colores.  andar siempre en bondi y a pata.  tampoco sacarme dieces.  no tener nada de lo que tuve.  Por qué al fin y al cabo, uno siempre, se engancha de los privilegios. 

Nada.

casi siguiendo un instructivo, uno abre la cama, entra,   acomoda la almohada(a veces  también el corazón) y se dispone  a pensar, sin duda alguna de que alguien más  lo está haciendo, en otro lugar, en otra cama,  en otra historia, en otro mundo  y piensa y pienso que a veces no tener muchas cosas,  o no tener nada, empieza a jugar a favor  y qué además, ya no hay nada que perder

Cumbia.

La música es de por si, sin dudarlo ni un segundo, un pilar de la vida nuestra. Y de muchos. Seguro. Sobre todo, cuando nos trae a alguien que ya no esta. Algunos géneros hacen más ruido que otros. Pero este es especial. De todos lados. Con alegría. Para bailar.  Ninguneado por un montón. Pero adorado por un millón. Y por mi también. Por que a pesar de creencias instauradas. Porque a pesar de escuchar una y otra vez que era "para negros" ,elegimos ser de esos varios años después. Porque nos devolvió, lo que no estaba. Nos permitió seguir. Mancharnos los labios de violeta. Darnos vuelta y ver la sonrisa más humilde y sincera con latas a los costados. Nos salvo un poco la vida, hasta que duro. Y hoy cada vez que suena una cumbia, aparece Papá. 

Emergencia.

Ese cartel gigante en la puerta de la clínica. O del hospital. Ese de verde que retumba entrando por los ojos. Que sin hablar te dice, "acá estamos" por si a la vida, se le ocurre así, al pasar, jugarte una mala pasada. O simplemente asustarte un poquito. Seguramente entraste infinitas veces, con la seguridad de volver a salir. Quizás también, con el miedo no volver a verlos nunca mas. Ahí paran, están, y hacen todo lo que pueden, los que en una esas te salvan la vida. O no. Dudo, hoy. Que no haya más lugares, o más carteles verdes dando vuelta por ahí.  Y uno va siempre a esos lugares, cuando lo urgente es mantenerse a salvo. A ponerse una curita, o a conectarse al respirador. Lo que sea necesario, para no perderse. Ni perderlos. Va a los amigos. Va a los afectos que hacen bien. Va a la música. Va a la risa. Va ponerse las zapatillas y a correr, gastando toda la suela que sea necesaria. Va a sentarse en las escaleras, en el medio del bondi y esperar. Va a agarrar la mochila ...

Ausencias.

Ya no es lo mismo volver a casa, desde hace un tiempo a esta parte. Con las ausencias marcadas, todo es otra cosa. Y no hablo del hueco físico que queda. De la resta que hay que hacer cada vez que pones los platos para cenar. Si no de ese silencio. De ese espacio que no se puede habitar nada más que con la escucha, que daba vueltas por ahí, cada vez que abría la puerta. De un lado estuvo esa idea fiel de que había que estudiar. Y ahí fuimos. Al frente. Como reja negra. Siempre. Del otro, el oído humilde. Disponiéndose con ternura a mi no capacidad de resumir la idea y estar varios minutos, contando. Eterno combo de ejemplos, que se hicieron camino. Hoy abrir la puerta, con la mochila a cuestas y un millón de historias que contar. Sin oídos humildes. Sin el orgullo tangible y seguro, tu corazón contento. Representa, no solo ausencias. También. Quizás. La lucha. Donde se refleje el alma. Y en el alma, la integridad. 

Limpieza.

  Una vez me dijeron: que yo era todo lo que estaba bien cuando estaba sano y limpio.  Hoy te agradezco, vos que confiaste en mi,  por que acá estoy con la cancha  a mi favor.  Y sano y limpio.