Esas nubes (y) grises.
Son augurio de tormenta. Dan lluvia. Se arremolina el viento. Sopla más fuerte. Hasta el árbol que supuso tener sus raíces estables, tiembla un poco. Y mis cimientos y los de los míos, también. Desde hace un tiempo, desde hace algunos años cada vez que vemos que se acercan estas nubes, nos miramos y pensamos: "vamos de nuevo". Suenan las alarmas, se advierten urgencias, se avecinan tiempos de andar con el paraguas bajo el brazo, por las dudas. Con mudas de ropa en la mochila por si a cualquier chaparrón se le ocurre tirar el cielo abajo, y hay que cambiarse y volver a salir. De esas nubes grises, aprendimos a no andar desprevenidos. A caminar un poco más equipados, sin experimentar el miedo de estar pasados por agua, otra vez. No hubo tormentas, ni nubes grises que no hayan cambiado el contexto a su paso. Algunas ramas caídas , pero el árbol de pie. La tierra blanda, pero el paso firme. El viento llevándose algunas cosas volando, menos la idea de que si pierdo, aprendí. Esas...