Entradas

Algo mejor, algo peor.

No es la primera vez que a mi querida cabeza se le plantean regresiones. Tampoco, es la primera, ni va a ser la última que una canción me haga juntar tantas partes de algo que termina siendo un todo. Nuestra cabeza, puede ser siempre nuestra propia guillotina, como dice Gustavo, pero esta vez actuó, como una máquina de platear escenarios que alguna vez vivimos.  Fue en durante 2010, donde tocó vivir la primera lucha interna. De esas crisis totales donde el cuerpo pierde todos los días un poco la versión anterior, esa que el cuerpo mismo va dejando. Me di cuenta que me costaban los cambios. Que me costaba dejar, un lugar (seguro), para ir a otro que seducía ampliamente con el plan de transformación. Siempre escuché decir que el porvenir, ese futuro inmediato a la vuelta de la esquina, es para mejor. Que cambiar es eso, algo mejor  y es también aprendizaje. En ese momento el costo era altísimo, pero no podía ser peor. Era eso. Un cambio. Darle otra forma a los días, aunque eso t...

Elogio a la espera.

Esta vez sin salas de por medio.  Sin partes médicos que cambien el tinte de un día.  Esta vez sin forzar la paciencia.  Sin obligar a que se quede , sin hacer alarde de ese maldita cultura del aguante, que siempre pareció un buen plan. Esta vez sin nada de eso como piedrita en el camino. Esta vez, la moneda en el aire cayo del otro lado. Después de haberle puesto la cara a esa lluvia en medio de la tormenta. Después de tener que sacarle el pie al acelerador del proceso. Después de haber juntado los escombros que nosotros mismos rompimos, para renovarnos. Después de que cada uno de los días transitados pesen tanto como un balde lleno de ladrillos. Después de que las ampollas en las manos dejen de doler. Tocá volver a esperar. Con actitud, amor y respeto. Con la convincente amabilidad que requiere el caso. Sabiendo también, que la vida a veces es como jugar al Tetris, si aceleras la ficha corres el riesgo de que caiga rápido pero en el lugar equivocado. Quizás ,si la ...

Celebración.

Perico, se levantaba a las 5:30 am, como seguramente muchos. Perico, mi viejo. O “El viejo”, como le decían sus compañeros de laburo, llegaba media hora antes, siempre, durante cualquier verano o en el peor de los inviernos. Lo hizo mucho tiempo, 25 años como si fuera poco y en el mismo lugar. Por eso estas mañas, que hoy en día nos componen, supongo. Figurita repetida, dicen. Mi viejo, el viejo para sus compañeros, quejoso por naturaleza y fundamentalista de tener siempre el cuartito ordenado para poder hacer cuando fuese necesario, nos dejo en plena pandemia físicamente, pero con una lección de vida increíble. Ese día, el día que nos dejo nos extrañó muchísimo que sus compañeros de trabajo, los de todos los días, los que en definitiva hacen de la rutina, de lo diario, la vida un poco mejor, no estuvieran para hacer eso que se hace en forma de despedida. No llegaron. La vida tiempo después dio las respuestas que a veces uno busca pero no encuentra. Tiempo, también dicen. Tiempo el que...

A flote.

Puede ser que yo porfié  puede ser que me imagine  algo que nunca va a pasar  Puede ser que ya no me ría  y que el alma esté muy fría  pero jamás se va a olvidar  Y quiero decirles que hoy… Ya no somos lo de antes  Somos lo de ahora en adelante  Porque después de cada golpe solo supimos salir a flote.  Puede ser que el barco se funda  de tanta ansiedad que me inunda  y me hunda este mal pasar  Puede ser que valga la pena esta alegría que condena  al entrar en carnaval  Yo voy a decirles que hoy… Ya no somos lo de antes  Somos lo de ahora en adelante  Porque después de cada golpe solo aprendimos a salir a flote. 

Esas nubes (y) grises.

Son augurio de tormenta. Dan lluvia. Se arremolina el viento. Sopla más fuerte. Hasta el árbol que supuso tener sus raíces estables, tiembla un poco. Y mis cimientos y los de los míos, también. Desde hace un tiempo, desde hace algunos años cada vez que vemos que se acercan estas nubes, nos miramos y pensamos: "vamos de nuevo". Suenan las alarmas, se advierten urgencias, se avecinan tiempos de andar con el paraguas bajo el brazo, por las dudas. Con mudas de ropa en la mochila por si a cualquier chaparrón se le ocurre tirar el cielo abajo, y hay que cambiarse y volver a salir. De esas nubes grises, aprendimos a no andar desprevenidos. A caminar un poco más equipados, sin experimentar el miedo de estar pasados por agua, otra vez. No hubo tormentas, ni nubes grises que no hayan cambiado el contexto a su paso. Algunas ramas caídas , pero el árbol de pie. La tierra blanda, pero el paso firme. El viento llevándose algunas cosas volando, menos la idea de que si pierdo, aprendí.  Esas...

Brillar.

¿Cuánto tarda alguien? ¿Cuánto tarda uno en volver a brillar?. Creo que es tiempo o eso dicen por ahí.  Experimente esa sensación cada vez que nos toco juntar todos los pedazos rotos del suelo. Otra vez no, repetí como un mantra en una especie de pedido al universo, al cielo o alguna estrella. A alguien que entendiera esta suplica de ayuda. Porque rebelde y sin causa, toda la vida había defendido hasta acá,  la idea de que nadie se salva solo. Nadie puede y debe vivir sin amor. O al menos si no se salva, encuentra un oasis en medio del desierto. Encontrara el agua que calme tanta sed, ese techito que lo resguarde del sol tajante partiendo la cabeza en mil, o de forma simple y amena, alguien que lo acompañe. L, hace un año y mirándome a los ojos a distancia de rescate , me dijo que tenia que pretender. Que un poco de ambición no venia mal. Pause la opinión. Un rato. Un poco. Quedo todo en stand by. Suspire y me escribí en un papelito mental para no olvidarme que a partir de ese...

Simple.

  Después de las ausencias , nunca entendí el por que de esta rosca. Pero el cielo se pone un poco más claro.  Todo cambia. Sobre todo las prioridades. Y aunque el camino se presente un tanto ambivalente,  aparece una ternura en lo sencillo, difícil de igualar. En lo común. En ese algo que parece tan tonto, tan minúsculo,  pero que guarda un montón.  Después de las ausencias, la simpleza esta en el sentir. En ese gesto microscópico, tan intangible para muchos, y tan la llave hacia otro lado, para pocos. Los que hacen cuerpo y se dejan atravesar cada fibra sensitiva que los compone. Sin escudos. Por que también sienten.  Después de las ausencias. Hace esta ecuación: si cuando se siente no hace falta entender, vos anda. Saca costos y beneficios. Te la podes dar contra la pared, claro. Pero estamos de paso campeón ¿Sabes?. A mucho costo.  Después de las ausencias, vos anda. Sentí. Todo el resto es simple. Y si no, es burocracia.