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Mostrando entradas de febrero, 2022

Ausencias.

Ya no es lo mismo volver a casa, desde hace un tiempo a esta parte. Con las ausencias marcadas, todo es otra cosa. Y no hablo del hueco físico que queda. De la resta que hay que hacer cada vez que pones los platos para cenar. Si no de ese silencio. De ese espacio que no se puede habitar nada más que con la escucha, que daba vueltas por ahí, cada vez que abría la puerta. De un lado estuvo esa idea fiel de que había que estudiar. Y ahí fuimos. Al frente. Como reja negra. Siempre. Del otro, el oído humilde. Disponiéndose con ternura a mi no capacidad de resumir la idea y estar varios minutos, contando. Eterno combo de ejemplos, que se hicieron camino. Hoy abrir la puerta, con la mochila a cuestas y un millón de historias que contar. Sin oídos humildes. Sin el orgullo tangible y seguro, tu corazón contento. Representa, no solo ausencias. También. Quizás. La lucha. Donde se refleje el alma. Y en el alma, la integridad.