Gira y gira.
Un sello en el alma. De memorias. De pasado. Esos días y años que no vivimos, pero que supieron interpelar las fibras más sensitivas. Estos días que corren. Quizás sea esa magia de bajar la guardia, llorar con ruido en el sillón, saberse sensibles y dejar que entren todas las balas para dar cuenta de que queda mucho por curar. Un antes y un después, en el camino, en el proceso. Casi un reflejo. Un espejo. Un viaje de ida. Sin valijas, ni aeropuertos. Sin embargo, de volar, volar, volar. Por ahí. Con ustedes. El cielo, siempre estuvo cerca. Y en la tierra, hay quien, también. Nada nos deja más florecidos que esto. De ir hasta el fondo de nuevo, acomodar nuestro jardín y esperar (ansiosos) la primavera. O patear alguna calle en la capital, bailando y cantando alguna canción que saquemos del bolsillo. En forma de delirio, si. Para no dejar de creer en la ruleta de la vida. Que ojala esta vez si, algo, tenga que ver con vos. Y la rueda mágica, gire a favor. (todo lo que pude se...