Infortunio
Agus, se acerco muy despacio. Me golpeo la espalda, en una especie de toc- toc. Como si tocara la puerta pidiendo permiso para poder pasar. Me pregunto con mucho cuidado, si me podía decir. Si me podía contar algo que lo estaba moviendo. Que lo estaba atravesando. Y uno cuando se trata de esos locos bajitos. No duda. No titubea. Ni un segundo. Y ante un si rotundo. Agus, que va a segundo grado. Que tiene 7 o casi 8 vueltas al sol, largo en una especia de alivio: Estoy triste profe. Sin titubear, también uno pregunta la razón de esa emoción. Sin saber con que se va a encontrar a la vuelta. Y resulta, que a Agus, hacia poco también lo había golpeado un poquito la vida. El infortunio. La suerte, que a veces patea para otro lado. Se le cruzo en el camino. A él y a su nona. Pensé que podía contestar. Que podía darle una respuesta, mostrándole esa soltura tan natural y humilde que él se animó a tener para contarme a mi, sobre lo sucedido. Pero no. Nada de eso. A mi, que la vida jugo a los bastonazos hace un tiempo. No me salió. No pude. A mi también se me lleno el corazón de preguntas. Como si tuviera esos años que tiene Agus. Ni la experiencia se animó a entrar a la cancha en esos segundos. ¿Y ahora Agus?. Igual hay que acordarse todos los días de ella, tire. Como para salir jugando. ¿Y ahora profe?. Y ahora, con el dedo índice apuntando hacia arriba. Y ahora profe esta en el cielo. Pero igual, en unos días la tiramos en un pedacito de tierra que ella quería. Dijo, este enano. Sin filtro alguno. Y así, me quede charlando. De como a algunos. O a varios. O a todos. Los días, se nos vuelven cenizas.
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